Hace unos días, por la mañana, vi a una chica llorando en silencio en el vagón del metro. Notaba cómo intentaba reprimir las lágrimas, pero estas brotaban sin atender razones, mojando a su paso las mejillas sonrosadas por el frío mañanero y el pañuelo del cuello en el que la criaturilla intentaba esconderse de las miradas de los demás pasajeros.
Iba mirando al móvil y no pude evitar cometer la indiscrección de echar un leve vistazo a la pequeña pantalla (sí, soy un poco cotilla de toda la vida). Por lo poco que pude leer, sin saber su historia, ni los motivos 100% reales de su angustia, sentí la necesidad de dedicarle esta carta.
“No estás sola, no lo olvides. Es posible que esta mañana al levantarte y ponerte en marcha, como cada día, hayas sentido de repente un vacío que has creído que no se puede llenar. Estás equivocada y lo sabes, como diría cada uno de los trescientos mil memes de Julio Iglesias.
Puede que un mal sueño haya enrarecido tu despertar y haya evocado recuerdos que aún tienes demasiado presentes. También es posible que al cóctel de emociones le hayas añadido el color gris con el que te has encontrado al levantar la persiana. Unas gotas de frío y ya tienes la mezcla perfecta para empezar a llorar.
A mí siempre me han dicho que cuando se tienen ganas de llorar, hay que hacerlo. Es la mejor manera de dejar salir ese batiburrillo de sentimientos negativos que te invaden y no te dejan pensar en nada más. Así que me alegro de haberte visto llorar porque sé que, una vez te hayas calmado, sentirás paz dentro de ti. Lo importante es no estancarse en ese dolor todo el tiempo, ni en esas lágrimas. Piensa que la vida nos pone pruebas, pero también nos pone medios para superarlas. Solo hay que saber buscar esos medios y pronto te darás cuenta de que el principal está muy cerca, eres tú misma.
Deseo que mañana, cuando te despiertes, seas capaz de pensar en algo que te haga sonreír y que esa sonrisa perdure un ratito, aunque al levantar la persiana esté gris y fuera haga mucho frío. Pero que no te congele el alma. Y que cada día la sonrisa sea más duradera, más honda, más libre de recuerdos que hacen daño, más viva… más vida.
Y recuerda siempre el comienzo de esta carta: No estás sola. Agárrate de las manos que te ofrecen su ayuda y no tengas miedo de pedirla. Eres la pieza más importante de un complejo mecanismo llamado TU VIDA y no merece la pena que se oxide a base de lágrimas, ni por nada ni por nadie”.
Ángela Cowar

No hay comentarios:
Publicar un comentario