lunes, 16 de noviembre de 2015

Ojalá (Del ár. hisp. law šá lláh, si Dios quiere)

El viernes por la tarde un amigo me llamaba la atención sobre el uso que acababa de hacer de la palabra “ojalá”. Como todos sabemos, cuando usamos esta expresión lo que estamos haciendo es materializar en una sola palabra un gran deseo, como era mi caso en aquella conversación. Pero mi amigo me paró en seco y me preguntó: “¿Sabes qué significa ojalá? Ojalá viene del árabe y significa “Si Dios quiere”...”

Un par de horas más tarde empezaron a llegarnos las primeras informaciones sobre los atentados de París. Al volver a casa, puse la radio en mi MP3 para tener algún dato más de lo ocurrido. Atentado, tiroteo, muertos, heridos graves, pánico… Inevitablemente vinieron a mi cabeza las imágenes de lo que vivimos en Madrid el 11 de marzo de 2004. Atentado, bomba, muertos, heridos graves, pánico… 

Analizar lo ocurrido no tiene sentido sin comprender todo lo que está detrás. No es un atentado casual ni aislado. Esto lleva ocurriendo mucho tiempo, demasiado. Tanto que ni tú ni yo habíamos nacido. Pero lejos de querer marcarme una clase de historia (porque no tengo los conocimientos suficientes para ello), sí que me gustaría exponer lo que siento ante estos graves acontecimientos.

Me duele lo que ha pasado en París, muchísimo, pero llevo todo este tiempo dándole vueltas a lo mismo: ¿Nos duelen más las víctimas de París que las de cualquier otro país castigado por el terrorismo y la guerra? ¿Valen más unas muertes que otras? ¿El dolor empático hacia las víctimas lo medimos según los kilómetros que nos separan de ellas? Y estos interrogantes giran en una espiral que no acaba. Y entonces es cuando me asusta la humanidad, si es que esa palabra significa ya algo. 

Como madrileña que vivió de cerca los atentados del 11M, entiendo y comparto el apoyo a nuestros vecinos franceses, porque estamos reviviendo algo que nos causó un shock imborrable. Pero ¿qué pasa con los atentados de Beirut del mismo 13 de noviembre y en todo Líbano? ¿Libia? ¿Siria? ¿Irak? ¿Afganistán? No nos duelen igual, están lejos, son “cosas suyas”… ¿Qué nos pasa? Me escandaliza esta idea, me impresiona ver cientos de miles de banderas francesas invadiendo redes sociales, miles de hastag con mensajes de condolencia, una sociedad compungida ante un acto macabro, sí, pero no aislado. No es el único, no son las únicas víctimas, no es la única atrocidad que vivimos cada día, que vemos en la televisión mientras comemos impasibles. Yo no quiero ser solo París, ¡no! No puedo ser solo París, porque ser solo París es ser hipócrita. No quiero ser hipócrita.

Y dejando a un lado mis dudas, retomo el encabezado de esta carta y de la palabra “Ojalá”. “Si Dios quiere”. Todo este terror, todo este odio, esta muerte, esta violencia, este sinsentido, esta MIERDA…¡todo!, lo está perpetrando un grupo de fanáticos religiosos en nombre de Dios. Todos nos preguntamos qué clase de Dios quiere que sucedan cosas así. Pues ese Dios se llama Poder, se llama Dinero, se llama Petróleo, se llama Armas… esas mismas armas que matan a franceses, madrileños, estadounidenses, libios, sirios o afganos y que ese grupo de fanáticos radicales han comprado a los que hoy lloran la muerte de sus compatriotas.

Si abrimos los ojos y somos capaces de ver más allá de la “cibersolidaridad”, nos daremos cuenta de que eso es lo que esperan de nosotros. Nada. Se ríen de nosotros y no somos capaces de darnos cuenta. Poder, Dinero, Petróleo, Armas… nosotros sólo somos los que pagamos los platos rotos de los de arriba, de los que negocian con nuestras vidas. Madrid, Nueva York, París, Libia, Siria, Afganistán, Irak… ¿qué más da de donde sean las víctimas? Su guerra está más allá de lo que nos cuentan. Esa Guerra Santa, esa cruzada, lo único que consigue es crear odio hacia la comunidad musulmana, miedo irracional hacia todo lo que provenga de ese “mundo árabe”. Ahora seguro que no queremos refugiados, porque todos son del ISIS, porque todos son yihadistas, porque todos son de Al-Qaeda, porque todos son terroristas que vienen a matarnos. Pero esos refugiados de los que ya no nos vamos a fiar sí que “son París” y nadie va a encender una vela por ellos. 

Me temo que se me agolpan los conceptos y contextualizar todas las ideas no es fácil. Debería dedicar una carta a desglosar cada punto de los que he pretendido hablar hoy, para tratar de ser más precisa y afinar cada detalle. Pero lo dejo aquí. Doy por concluida esta tercera carta sin código postal, con el deseo de leer tu opinión sobre lo que quieras expresar.

Por mi parte, empezaré a usar una palabra distinta a ese “ojalá”. Porque quiero que lo que pase sea porque yo quiero (y que la vida me eche una manita, si es posible). Quizás me decante por utilizar la variante que usa otro amigo para expresar ese deseo de que algo suceda: “alojai”.


Ángela Cowar

7 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo,has expresado justo lo que tenía en la cabeza,y pienso en lo hipócritas que somos,al no pensar en el resto de masacres ( Kenia,Siria ) .Y en que los que salen condenando estos atentados,son los mismos que facilitan armas desde hace años, incluida España, así que...., nos queda un poco de conciencia?.

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    1. Tenemos conciencia para lo que nos interesa o para lo que nos imponen... Gracias por dejar tu comentario!!! Un beso

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  2. Amén...
    ¿Has visto esto https://www.youtube.com/watch?v=LJtUQjJC4a0&feature=youtu.be?

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    1. Si! Lo vi y me encantó cómo está explicado. No hay más ciego que el que no quiero ver...

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  3. Que bien escribes primi!! Has dado justo en el clavo!! Un besazo

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