Nunca le gustaron las despedidas y menos si la palabra adiós las preside. Qué palabra más amarga, más fría, más… despedida. Cuando una persona se marcha y se sabe, a ciencia cierta, que se volverá a ver, no se le puede decir adiós, porque cierra la puerta con tres vueltas de llave. Por eso jamás la quiso pronunciar con él, ni quiso oírla de su boca. Adiós… qué triste, qué vacía.
Pero llegó el día en que esa maldita palabra brotó de sus dedos (y no de su boca), como brotan los tallos de las lentejas cuando las metes en un tarro entre algodones empapados. Y sin querer, se vio rodeada de puertas cerradas con tres vueltas de llave, encerrada en el recuerdo.
Pero llegó el día en que esa maldita palabra brotó de sus dedos (y no de su boca), como brotan los tallos de las lentejas cuando las metes en un tarro entre algodones empapados. Y sin querer, se vio rodeada de puertas cerradas con tres vueltas de llave, encerrada en el recuerdo.
El eco de ese adiós retumbó como los cimientos de una casa en ruinas que se derrumban. "¿Cómo voy a salir de aquí? ¿Cómo se hace para borrar ese término del diccionario? ¡No conozco a ningún miembro de la RAE!", pensaba constantemente. Cuando la reverberancia del adiós se hizo casi imperceptible, respiró hondo y trazó un plan de salida, de vuelta a su vida, al más puro estilo Prison Break (y eso que no la había visto, nunca fue 'muy de series'). Y ahí está, excavando el túnel, empeñada en resurgir, reforzando el caparazón para cubrir un corazón cansado de encogerse.
Cuando la volví a ver me dijo algo que quiero compartir con vosotros y que creo que puede sernos útil en algún momento: "Llevo ese adiós en la mochila, y no para devolvérselo, sino para deshacerme de él el día que salga del laberinto y lo cambie por su antónima, el día en el que le vea y vuelva a decirle hola”.
Cuando la volví a ver me dijo algo que quiero compartir con vosotros y que creo que puede sernos útil en algún momento: "Llevo ese adiós en la mochila, y no para devolvérselo, sino para deshacerme de él el día que salga del laberinto y lo cambie por su antónima, el día en el que le vea y vuelva a decirle hola”.
Ángela Cowar
Me encanta! Precioso y muy cierto, yo soy tb de las que escabo para buscar la salida
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