domingo, 5 de marzo de 2017

Time to fly



En mi eterna reflexión sobre el concepto del tiempo, continúo con la idea de que, cuando quieres que pase rápido, no avanza y cuando deseas que se pare el reloj, se come cada hora, cada minuto y cada segundo con la voracidad de un lobo hambriento.

Por otro lado, hay que contar con la desazón que producen las "frases de aliento" (paradojas de la vida), que te repiten de buena fe cuando estás en ese stand by en el que no sabes si la lluvia te moja o esas gotas ya estaban allí antes de la tormenta. “Todo pasa, el tiempo pone todo en su lugar”; “Cuando menos te lo esperes, sucederá”; “Paciencia, al final solo el tiempo te dirá qué hacer”. ¡Vaya con el tiempo!, siempre queriendo ser el protagonista de tus historias.

Pero he de reconocer que todas y cada una de esas premisas son ciertas, por inoportunas que me parecieran en el momento de recibirlas. He de darle al tiempo ese protagonismo que se ha ganado a pulso, porque ejerce un papel crucial en nosotros, porque nosotros somos ese tiempo y somos el actor principal de nuestra vida.

Gracias tiempo, por darme tregua y por apremiarme, por sosegarme y motivarme, por traerme sombras que desvanecen en la luz, por hacerme débil para ser irremediablemente fuerte.

Y es que la vida es como las manecillas de un reloj, siempre dando vueltas, y yo acabo de dar “las en punto” para comenzar un nuevo giro, un nuevo recorrido en el que poner en práctica todo lo aprendido, todo lo que el tiempo me ha enseñado y me enseñará. Eso sí, le he arrancado las manecillas a mi reloj, no me importa cuánto dure esta etapa, ni las siguientes. Solo quiero vivir el presente, el regalo de cada día, sin pensar en lo que va a venir mañana ni mucho menos pasado mañana. Nadie sabe cuándo se acaba el tiempo pero todos deberíamos saber aprovecharlo.



Ángela Cowar

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