jueves, 16 de febrero de 2017

Mareo



Últimamente creo que ando un poco baja de defensas porque cada día me dan más mareos. Creo que se trata de mis defensas contra las barrabasadas que veo, escucho y leo a diario, me han debido descender a niveles por debajo de la cordura porque me generan unos vértigos punzantes, microinfartitos que me dejan sin respiración, me nublan la vista y me aumentan las pulsaciones. Y me sube un calor por el cuello hasta la cara que acaba en un inevitable alarido en forma de insulto, blasfemia o, simplemente, gruñido indescifrable ante la perplejidad que me genera el panorama mundial y nacional.

Me mareo con las noticas de los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, pero más me revuelven las tripas los comentarios de seres que creen ser humanos que aseguran que la violencia de género no existe, o que de la violencia hacia el hombre por parte de la mujer no se habla y que también mueren hombres, que la culpa es de ellas y que en muchas ocasiones es todo mentira o una fortuita casualidad. Todavía estoy esperando que en algún telediario digan el nombre de “la viuda del Director de la CAM”. Vomito.

Me afectan mucho las noticias sobre malos tratos a niños, casos de pederastia, mujeres de 65 años que dan a luz mellizos, la impasividad de la sociedad ante el bulling y, en general, todo aquello que afecte a los menores. No puedo, me sube la ira. ¿Cómo un adulto puede ser tan terriblemente egoísta? ¿Qué pasa por esas mentes podridas para atreverse a hacerle daño a un bebé? ¿Cuándo tomaremos en serio a los niños que nos piden ayuda y no se la damos porque creemos que no saben lo que dicen? Tolerancia menos infinito contra esos despojos que osan ponerles un dedo encima a los seres más inocentes del planeta.

La política me genera ansiedad. Ansiedad, odio, repulsa y miedo. A veces creo que me voy a levantar una mañana siendo Darth Vader y lideraré el lado oscuro. La corrupción sin resolver o resuelta a parches del PP, la risa maquiavélica de Esperanza contando cómo se pasa por el arco el reglamento de circulación, la precarización de los contratos de miles de investigadores sin avisar y con efecto retroactivo, las puertas giratorias y vergonzantes entre sector público y privado, la fascista ley mordaza y sus hilrantes multas, el CETA, los miles de refugiados muriendo de frío, hambre y dolor… Ansia viva, odio loco, dolor profundo y vergüenza total. Y de Trump paso de hablar.

Mural de Ze Carrión

Supongo que lo más lógico es que deje de ver las noticias, leer los periódicos, escuchar la radio o comentar estas cosas con la gente de bien que me rodea (y con la de no bien, que tengo mucho cuñao alrededor, que también me aumenta los niveles de haterismo), pero me niego a ser una persona sin criterio y sin conocimiento de lo que me rodea. Porque prefiero vivir de pie que morir arrodillada.

Ángela Cowar

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