Unas cartas atrás te contaba que algo le pasaba al amor (y le pasa) porque cada vez eran más las parejas que,
por devenires varios de la vida, ponían punto y final a su historia y pasaban a
engrosar las listas de solteros/as de nuestro país, que son más largas que las
colas del paro, y ya es decir.
Creo que los que nadamos en la década de los
treinta en estos nuevos tiempos, somos los más perdidos de entre todas las
generaciones. A lo mejor te va a sonar a topicazo lo que te voy a soltar ahora
mismo for free, ¡pero atiende! Somos la última generación que no tuvo móvil
en la infancia, con lo que hemos desarrollado
plenas capacidades sociales y comunicativas. Si bien es cierto que los SMS y el
Messenger nos han marcado y todos tenemos una buena anécdota (o varias) en este
contexto tecnológico, también hemos quedado con nuestros amigos para salir sin
necesidad de crear grupos de Whatsapp infernales que están más cercanos a
parecer una papelera de reciclaje llena de imágenes que “me importan del 1 al
10, menos infinito. Gracias".
Somos unos nostálgicos de aquella tierna
infancia sin móvil y no paramos de dar señales de abuelocebolletismo del que,
por otro lado queremos renegar. Es oír la intro de “La Aldea del Arce”, por
ejemplo, y partirnos la camisa cantándolo como si fuéramos Emilio Aragón y Rita
Irasema. Venga, date el gusto…
Yo reconozco que me pones un disco de temazos
infantiles de aquellos y lo doy todo (esto ha sucedido y lo recuerdo como una
de las noches más divertidas ever). En fin, dibujos como los de antes ya no
hacen… (hete aquí el abuelismo
ilustrado).
Y a parte de todas estas cosas de las
nostalgias, del uso de jergas que ahora ya no se llevan (jamás renunciaré al “mazo”,
al “tronco” o al “okey makey”, lo siento) y del convencimiento de que somos el
santo grial de las generaciones, lo cierto es que a los treinta se nos pueden
complicar un poco los “asuntos serios” y que llegue el punto en el que no sabes
por dónde te caen las collejas.
Cuando estás en esta franja de edad, lo que
se espera es que tengas pareja, que pienses en formalizar (bodas, bodas everywhere) y,
por supuesto, en perpetuar la especie con uno o varios churumbeles. Trabajo
estable, coche y, a ser posible, casa propia (propia del banco, claro). Pero la
realidad es que ser del grupo de los “winners” es cada vez más complicado y
solo nos queda sacarnos el abono del de los “loser”, los que no somos capaces de
mantener una relación estable porque el compromiso nos oprime el pecho, porque nos
cansamos de la otra persona y la culpamos de nuestra infelicidad cuando no
tenemos ni idea de lo que significa ser feliz y porque, en definitiva, no nos
soportamos a nosotros mismos. Vivimos con nuestros padres porque tenemos trabajos
inestables o mal remunerados o nos independizamos a pisos de alquiler que pagamos a
precio de barril de crudo, siempre y cuando nos lo podamos permitir (si eres “loser”
pero con un curro decente). Si no, a compartir con gente random que no soportas
o con colegas a los que adoras pero ellos a ti no tanto porque te saltas el
calendario de limpieza semanal porque siempre tienes algo mejor que hacer, como
darle de comer a tus peces imaginarios.
Probablemente todos tengamos algo de “winner”
y algo de “loser”, es lo suyo, ¿para qué nos vamos a engañar? Así es la vida,
cal y arena, azúcar y sal, Ortega y Gasset… Nadie tiene una vida perfecta,
porque no existe, por mucho que los fans de lo cuqui se empeñen en hacérnoslo creer y nos lo metan con calzador (pero un calzador precioso, claro, súper vintage).
Lo importante es encontrar esa felicidad que creo que se nos escapa por falta
de definición de conceptos. La FELICIDAD está en cada uno y en nadie más. Otra
cosa es compartirla, irremediablemente al compartir se hace más grande y llena
muchos más huequitos de esa vida un poco “loser” que arrastramos...
Y como hoy es el Día Internacional de la Felicidad, lo suyo va a ser ponerse en bucle un
buen temazo de los que te he contado antes (de dibujos de los 80-90) y, por un ratillo, dejarte llevar
por la nostalgia egebera que te hace desconectar de cualquier ruido tóxico del
mundo serio. ¿Cuál vas a elegir tú?
Ángela Cowar

Molas mazo!!
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