lunes, 16 de enero de 2017

Hasta siempre


Siempre he creído que es una paradoja terriblemente cruel eso de que la muerte forma parte de la vida, que es ley de vida morir y que para vivir hay que morir también. Antagonistas de nuestra película, la vida y la muerte caminan de la mano y cuando se sueltan sabes que llega el fin. Irremediable, inevitable, inexcusable. Como vienes, te vas y ya nunca vuelves.

¿Y qué queda de ti cuando tu viaje llega a su fin? ¿Cuál es el poso que permanece imborrable en el fondo de la taza? Sin duda, el recuerdo de los actos que perpetraste durante los años de tu existencia. Por un lado, da igual que sean actos buenos, malos o regulares, porque la muerte no entiende de valores ni de principios morales, te lleva de la mano, te vas y nunca vuelves. Pero quienes se quedan contemplando el vacío irremplazable de una vida sí que te van a recordar por lo que hiciste y gracias a esas personas, la esencia de tu legado seguirá viva, hasta que la muerte también se los lleve a ellos. Depende de ti que ese recuerdo sea rencor o sea amor, sentimientos ambos muy poderosos pero muy diferentes.

Así es la vida y así, por ende, es la muerte. El paso por el mundo y la huella que dejamos en él. Vivamos intensamente, sin miedo a la etapa final, a la vuelta al polvo, a la despedida. Vivamos aferrados a la vida y no acongojados por la muerte, porque la muerte es vida y la vida es solo un instante.


Mientras aún tenías fuerza, apretabas nuestras manos poderosamente,
Uniendo tu energía con la nuestra, como se une el agua a la tierra para darle vida.
Entristece a las almas tu ausencia, aflige nuestra existencia un poco más vacía,
Rompiendo el silencio que gritabas por la boca de quienes te entendían.
Teresa, ya descansas en esa paz que amasaste en años de oración y que ahora te acoge
Extendiéndote su mano para que la aprietes con tu fuerza que ya es eterna.




Ángela Cowar

1 comentario:

  1. Precioso, Angela. Tía Teresira era, es, humilde como la tierra, cariñisa, nunca juzgo a nadie, lo comprendía todo aunque moralmente ni estuviera de acuerdo, su vida fue una armonía silenciosa

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