martes, 3 de enero de 2017

Ni tan mal



Ya sabes que yo no soy de decir adiós, pero a él se lo he dicho con ganas. Y fíjate que tampoco se portó tan mal, que si le quitamos esa parte de drama que a veces le meto a mis pelis, cuánto me ahorraría en lágrimas de producción. Pero bueno, algún defecto “profesional” tengo que tener de aquella época de la escuela de imagen y sonido. El caso, que le he dicho adiós a 2016 bastante convencida de que dejo bien sellado todo lo que todavía tenía fugas. Y soy consciente de que el recuerdo aún me traerá pasaditas de nostalgia de la que te pone el huevo en la garganta y el tembleque en la barbilla, pero sabré que solo es eso, morriña. 

Reconozco que, frente a la poca suerte (que no mala) que me rondaba desde el comienzo del año, me saqué el  par de comodines que tenía en la manga y gané Tablada y Santiago, recuperando fuerza y esencia, sabiendo que en base a la suerte no hay nada escrito en los renglones de mi vida. Posiblemente 2016 tuvo muchas más cosas buenas que regulares, porque de las regulares he aprendido tanto que ya tienen categoría de mejores.

Así que ahí te dejo año viejo y aquí te espero año nuevo, con la certeza de saber que quien estuvo está, aunque no sé seguro si estará y tampoco lo voy a pensar demasiado. Yo estaré, te viviré, te sentiré. Y me agobiaré, cabrearé y desistiré pero solo un rato, porque estoy hecha para resistir y lo haré. Y amaré porque amo y amé. A mí la primera para saber hacerlo bien con los demás.

Adiós 2016, inolvidable. Hola 2017, sorpréndeme.





Ángela Cowar

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