viernes, 26 de febrero de 2016

Como un cubo de agua fría


Hay tantos casos y vidas de personas que te quiero contar que no se muy bien qué criterio seguir para empezar, así que he decidido dejarme llevar por el sentimiento que ha causado en mi la historia de Osvaldo.

Osvaldo tiene 38 años, está casado y es padre de un chico de 13 años y una niña de 3. Ha sido siempre conductor de uno de los pequeños autobuses que circulan por las angostas calles de Tablada, un trabajo honrado que le daba para sacar a su familia adelante, sin lujos pero sin pasar hambre.
Hasta aquí podría parecer todo normal, pero lo que aún no te he contado es que, desde hace un poco más de dos años, Osvaldo ha ido perdiendo la movilidad de sus brazos y piernas, ya no puede hablar ni comer sólido y, en definitiva, ha dejado de poder valerse por sí mismo.

Osvaldo tiene esa enfermedad degenerativa que todos conocemos gracias a la campaña que circuló el verano pasado por internet en la que una persona retaba a otra a derramarse un cubo de agua helada por la cabeza.
Por aquí no tienen ni idea de eso del agua, ni siquiera tienen muy claro qué es la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), pero lo están sufriendo en primera persona. La familia de Osvaldo solo sabe que ese marido, padre, hijo... el pilar de la casa, está muriendo lentamente y él es consciente de todo.



Ayer cuando conocí a Osvaldo, sentí ese cubo de agua fría sobre mi cabeza. Su mirada viva encerrada en un cuerpo casi inerte decía más que cien mil campañas virales en Youtube, más que ningún anuncio, más que todos los altavoces y megáfonos del mundo. Sus ojos y su sonrisa me hablaban en silencio de la gran persona que había encerrada en una cárcel de huesos y músculos sin fuerza.

He visto en él la lucha por vivir, el amor por su familia y el agradecimiento sincero a aquellos que se preocupan por él, que van a visitarle y que intentan facilitarle y hacerle más llevadera su enfermedad. 

Osvaldo me ha enseñado cómo una enfermedad tan terrible como la ELA puede mermar un cuerpo, pero no puede contra la ESPERANZA.

Ángela Cowar

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