miércoles, 2 de marzo de 2016

Impacto TV

PAM Tablada recibió hace unos días la visita de dos periodistas que trabajan en un nuevo programa de televisión sobre sucesos sociales. Venían en busca de casos impactantes de niños con alguna discapacidad notoria, que llamase la atención para captar audiencia.

"Tú eres periodista, ya sabes cómo funciona esto", me decía, en busca de un guiño cómplice, uno de ellos. Y sí, me hago una idea de lo que vende en la televisión porque el sensacionalismo es lo que impera en todos los canales mientras nosotros lo consumimos impasivos, con una falsa compasión tan efímera como irreal.

Es curioso que estos periodistas, que deberían conocer la realidad de su país, rebusquen entre cientos de historias grotescas no con afán de ayuda en primer término, sino para obtener el producto más jugoso para su programa. Para mí, cualquiera de las historias que he conocido sería merecedora de ser contada y escuchada con el fin de remover conciencias y obtener alguna ayuda. 



La televisión goza de un puesto prioritario en la vida cotidiana de la sociedad limeña. Todos tienen televisor, aunque su casa apenas se tenga en pie y sus necesidades básicas estén a medio cubrir. Al llegar aquí me preguntaba cuál era el motivo de esta " necesidad" y la respuesta no tardó en llegar: la televisión es su ventana al mundo, a otro mundo distinto al suyo y que parece mucho más cercano a través de la pequeña pantalla. Es una vía de escape, una manera fácil de olvidar por un rato sus problemas. Y soñar.

Con una sociedad con un perfil tan esteriotipado y tan sumamente apegada a la televisión, ¿cómo no van a buscar esos periodistas el morbo hasta el último rincón del país? Yo me ofrecí a contarles varias de las historias que he conocido estos días, pero me temo que les llenaría la parrilla entera porque todas me han llegado al corazón. Será que no tengo ese ojo comercial para vender vidas ajenas a los demás. 

Puede que el periodismo no sea lo mío. Al menos el sensacionalista.



PD: ¿No crees que esto mismo también sucede en España?

Ángela Cowar

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