A veces tomamos decisiones precipitadas. Esas decisiones, en ocasiones, tienen fácil arreglo, se pueden enmendar, pero otras veces es imposible dar marcha atrás y debemos de asumir la repercusión que de esa decisión nazca.
De ambas posibilidades se puede extraer siempre algo positivo. La decisión precipitada que puede ser enmendada, nos alerta para una siguiente ocasión en la que puede que no tengamos tanta suerte. La decisión precipitada que es irreversible, nos traerá como consecuencia un golpe de efecto del que, sin lugar a dudas, aprenderemos. Las decisiones precipitadas son el reflejo de nuestro instinto más primario y animal.
Lo mejor de tomar decisiones, sean cuales sean, es que son nuestras. Sean a conciencia o por instinto, nos pertenecen. Nos causen alegría o tristeza, nos pertenecen. Tengan repercusiones mejores o peores, nos pertenecen.
Y aunque las decisiones precipitadas de terceros no nos pertenezcan, hemos de ser conscientes de que estamos expuestos a ser golpeados por sus consecuencias. Sean a propósito o no, nos duelen. Sean por bien propio o ajeno, nos duelen. Mucho. Pero también hay decisiones precipitadas de terceros que nos aportan beneficios, experiencias positivas y consecuencias en las que somos ganadores. Y en esos casos hay que saber ser agradecidos.
En cualquier caso, creo que tomar decisiones precipitadas forma parte de ser dueños de los pasos que damos en nuestra vida. Nos equivoquemos o no, eso ya es "otra movida".
De ambas posibilidades se puede extraer siempre algo positivo. La decisión precipitada que puede ser enmendada, nos alerta para una siguiente ocasión en la que puede que no tengamos tanta suerte. La decisión precipitada que es irreversible, nos traerá como consecuencia un golpe de efecto del que, sin lugar a dudas, aprenderemos. Las decisiones precipitadas son el reflejo de nuestro instinto más primario y animal.
Y aunque las decisiones precipitadas de terceros no nos pertenezcan, hemos de ser conscientes de que estamos expuestos a ser golpeados por sus consecuencias. Sean a propósito o no, nos duelen. Sean por bien propio o ajeno, nos duelen. Mucho. Pero también hay decisiones precipitadas de terceros que nos aportan beneficios, experiencias positivas y consecuencias en las que somos ganadores. Y en esos casos hay que saber ser agradecidos.
En cualquier caso, creo que tomar decisiones precipitadas forma parte de ser dueños de los pasos que damos en nuestra vida. Nos equivoquemos o no, eso ya es "otra movida".
Ángela Cowar

Nuestras vidas son un continuo precipicio de mayor o menor inclinación.
ResponderEliminarAsí es la vida, toma de decisiones a todas horas, el trascurso de ella es una decisión continua
ResponderEliminarComo siempre, escribiendo cartas que nos hacen pensar y nos dejan un feliz recuerdo, eres una máquina preciosa!!!
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