Imagina que estás preparándote un bocadillo de lo que más te guste. Con su pan calentito, crujiente, en su punto. Lo estás haciendo con todo el amor del mundo, con los mejores ingredientes. Ya lo tienes listo para comer, para disfrutarlo hasta el último bocado.
Ahora imagina que alguien al que quieres mucho ve ese bocadillo exquisito y, a sabiendas de que lleva tu nombre, empieza a comérselo a grandes bocados. Y mientras se lo come, te está mirando. Y no te ofrece probarlo. No te dice absolutamente nada. A la vez que esa persona devora el suculento bocadillo, tú la estás mirando y esperas a que se dé cuenta de que estás ahí, a que te invite a participar del festín, a que comparta contigo ese bocadillo que por un momento pensabas que era tuyo, pero que ahora ya no tienes claro para quién lo preparaste, porque no lo estás saboreando.
Cuando esa persona acaba de comer y ya tiene el estómago lleno y el alma saciada, repara en ti, te mira y te dice: ¿Era tuyo? Ops, lo siento… no sabía si querías, no sabía si tenías hambre, no sabía que estabas aquí… Y te ofrece el plato lleno de migas y algún que otro trocillo de lo que podría ser un resto de jamón, o de tomate, o de lo que sea que fuera ese bocata.
Y tú, que no puedes creer lo que ha sucedido, miras esas migajas y piensas ¿Esto es lo que me corresponde? ¿Después del esmero y las ganas con las que he preparado ese bocadillo, esto es lo que me queda? ¿Esto es lo que me dejas? ¿Es lo que tienes para mi?
Sinceramente, lo lógico es que cogieras ese plato y le soplaras las migas en la cara a esa persona que no ha tenido ni un mínimo de respeto hacia tu comida, ni hacia tu persona. Pero a veces la lógica se cortocircuita y terminas chupando el plato y dando las gracias. Encima eso.
¡Basta de migas! Nadie merece las sobras de nadie. Te mereces el bocadillo entero y ser el que decida si lo comparte o no.
Deberíamos de saber distinguir entre egoísmo y amor propio, entre dar sin esperar nada a cambio y ser un “pringao”. Tú decides lo que quieres hacer con ello, se llame bocadillo o se llame VIDA.
PD: No olvides que siempre puedes ir a comprar otra barra de pan para hacerte un nuevo bocadillo. Más grande. Más rico. Mucho mejor. Palabra de una que es hija de un panadero ;)
Ahora imagina que alguien al que quieres mucho ve ese bocadillo exquisito y, a sabiendas de que lleva tu nombre, empieza a comérselo a grandes bocados. Y mientras se lo come, te está mirando. Y no te ofrece probarlo. No te dice absolutamente nada. A la vez que esa persona devora el suculento bocadillo, tú la estás mirando y esperas a que se dé cuenta de que estás ahí, a que te invite a participar del festín, a que comparta contigo ese bocadillo que por un momento pensabas que era tuyo, pero que ahora ya no tienes claro para quién lo preparaste, porque no lo estás saboreando.
Cuando esa persona acaba de comer y ya tiene el estómago lleno y el alma saciada, repara en ti, te mira y te dice: ¿Era tuyo? Ops, lo siento… no sabía si querías, no sabía si tenías hambre, no sabía que estabas aquí… Y te ofrece el plato lleno de migas y algún que otro trocillo de lo que podría ser un resto de jamón, o de tomate, o de lo que sea que fuera ese bocata.
Y tú, que no puedes creer lo que ha sucedido, miras esas migajas y piensas ¿Esto es lo que me corresponde? ¿Después del esmero y las ganas con las que he preparado ese bocadillo, esto es lo que me queda? ¿Esto es lo que me dejas? ¿Es lo que tienes para mi?
Sinceramente, lo lógico es que cogieras ese plato y le soplaras las migas en la cara a esa persona que no ha tenido ni un mínimo de respeto hacia tu comida, ni hacia tu persona. Pero a veces la lógica se cortocircuita y terminas chupando el plato y dando las gracias. Encima eso.
¡Basta de migas! Nadie merece las sobras de nadie. Te mereces el bocadillo entero y ser el que decida si lo comparte o no.
Deberíamos de saber distinguir entre egoísmo y amor propio, entre dar sin esperar nada a cambio y ser un “pringao”. Tú decides lo que quieres hacer con ello, se llame bocadillo o se llame VIDA.
PD: No olvides que siempre puedes ir a comprar otra barra de pan para hacerte un nuevo bocadillo. Más grande. Más rico. Mucho mejor. Palabra de una que es hija de un panadero ;)
Ángela Cowar
Ese bocadillo era una pistola cualquiera. Ni pan de pueblo. lo que te espera es chapata de la buena, te lo digo yo.
ResponderEliminarEl próximo bocadillo será de jabugo y todo para ti!! Ya decidirás si compartes!
ResponderEliminarQue buen trabajo! Cada día me gusta mas leerte!
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMe encanta y sales guapísima en la foto!!!cómetelo despacito y saboreándolo,que nadie te lo va a quitar!!!
ResponderEliminarDe qué quieres tú bocadillo hoy preciosa? Yo te lo preparo y enterito para ti. Me encanta leerte!!!
ResponderEliminarQué bueno... :p
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