No sé qué calificativo (despreciativo)
utilizar ante la situación que lamentablemente vivimos las mujeres en pleno
siglo XXI. Raro es el día en que no nos enteremos de alguna desgracia en la que
la protagonista es una mujer: asesinatos, desapariciones, violaciones, abusos,
humillaciones, críticas desmedidas… todo ello aderezado con un lenguaje
sexista, humor retorcido e hiriente y comentarios machistas repugnantes.
Hoy 25 de noviembre se celebra el Día
Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, iniciativa
aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas allá por 1999 y que conmemora
un fatídico suceso acontecido el 25 de noviembre de 1960 en la República
Dominicana, donde fueron asesinadas por orden del dictador Rafael Leónidas
Trujillo, tres activistas políticas contrarias al régimen, las hermanas
Mirabal.
La historia de estas mujeres no es la única
que, por desgracia, impregna nuestra historia de sangre y lágrimas. Y no sólo
el pasado, el presente se sigue alimentando de casos de violencia de género (o
ya no sé cómo llamarlo, cada vez le ponen una etiqueta nueva al gusto del
ministro de turno) y el futuro seguirá la misma línea roja si no hacemos algo
real para detener esta masacre.
La sociedad debe abrir los ojos, que esto no
es problema de la mujer que lo sufre, ¡esto es problema de todos! Porque tú has
pensado: “a saber qué estaría haciendo para que le pegara”, “no me extraña, con
las pintas que lleva siempre”, “le está bien empleado, por feminazi”… ¿sigo? No
sigo porque me quemo por dentro, como si me rociasen con gasolina y me quemasen
viva; me desgarro como desgarran a esas niñas sus propios familiares, vecinos o
amigos; porque me ahogo como si unas manos apretasen mi cuello y me hundiesen
la garganta; porque me deprimo como si cada día me dijese la persona a la que
amo que no valgo para absolutamente nada; porque me dan ganas de gritar y no
puedo, como tantas y tantas mujeres que no se atreven a marcar el 016. Como esas 40 mujeres muertas a manos de sus parejas o ex-parejas en lo que va de año, la última ayer mismo, en Fuenlabrada (Madrid).
Detener este caos está en manos de todas y
todos. Empecemos por ser responsables de nuestro lenguaje, de nuestros
comentarios. Seamos críticos con lo que vemos, no nos crucemos de brazos ante
una humillación pública, por pequeña que pueda parecernos. El apoyo es fundamental y
estoy segura de que, mientras lees esto, estás recordando casos que hayas visto
o incluso vivido en tus propias carnes y que has pasado por alto. ¡No lo
permitamos más!
Me quiero viva, me quiero libre, me quiero
respetada, me quiero amada, ME QUIERO.
Ángela Cowar

Gran verdad... pero aun no esta el mundo conciencieado. Una pena
ResponderEliminarGran verdad... pero aun no esta el mundo conciencieado. Una pena
ResponderEliminarEres increíble! Completamente de acuerdo contigo.
ResponderEliminarMuy cierto amiga
ResponderEliminarGracias por llevarnos a la reflexión y así contribuir a crear ese mundo que soñamos .. porque sí es posible
ResponderEliminarQué buen post Engel
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