jueves, 16 de agosto de 2018

Nostalgia

Hay días en los que, sin entender muy bien por qué, un huracán de sentimientos sin nombre invaden tu cuerpo y te elevan sin saber dónde te llevarán. Lo malo es que el final de un huracán no es una mullida cama, si no el duro suelo, la realidad.

Así es ella, incontrolable, impredecible y azotadora. Y sabes bien que no debe quedarse contigo, que no es buena compañera, pero para dejar que se marche debes entenderla, acariciarla y odiarla.

Aparece con el aroma dulce del algodón de azúcar, te embauca y te promete, pero después se torna osada, hostil e irreverente, logrando sacar de ti lo que está en calma, lo que ya no existe. Y te engaña, y crees que has vuelto atrás, y sientes que vuelves a caer, y lloras porque el tiempo es miseria y la miseria es cruel.

Pues nada más lejos de la verdad, amiga, y la verdad es que el tiempo sí está de tu lado, que caíste pero te levantaste, que todos los pasos dados han sido en la dirección correcta y que estás en lo cierto y eso es lo único que importa: que eres la dueña de tu vida y como dueña, tienes derecho a dejarte llevar por el recuerdo sin que signifique absolutamente nada.

Abre la ventana y deja que el huracán se marche, apaciguado, como una brisa. Así la próxima vez que vuelva ya solo podrá acariciarte sin estremecerte, tocarte sin arañarte y recordarte que todo, ahora, es mejor que antes.


Ángela Cowar
 

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