Ya sabes que no todo es trabajo en la vida y aquí no iba a ser diferente. He tenido la suerte de poder conocer algunos de los rincones peruanos más especiales a modo de mini-vacaciones de mi voluntariado en Tablada.
Perú tiene tres partes muy definidas en su geografía: la costa, la sierra y la selva. De la parte de la costa solo he conocido Lima y algunas de sus playas y aunque no sean las más bonitas que he visto, bañarme en el Pacífico ya ha sido una novedad.
De la zona de sierra tengo dos experiencias que contarte. Empiezo por la que más me ha emocionado. Te puedes hacer una idea de lo que te voy a hablar ¿verdad? Sí, el viaje a Machupichu (o Machu Picchu). Junto al Huayna Picchu y el ceremonioso poblado incaica que emerge entre las dos montañas de manera impetuosa, el Machupichu transmite una energía mágica que nunca antes había sentido en otro lugar. El halo misterioso que envuelve tan pictórico enclave, hace que te evadas de todo y de todos. Había momentos en los que sentía que estaba sola frente a tanta inmensidad, a pesar de estar rodeada de cientos de turistas.
Cuzco me recordó mucho a cualquier pequeño pueblo castellano. Obvio, claro está. Una ciudad con encanto y muy acogedora que, desde los ojos del turista, cuenta con todas las comodidades para el visitante extranjero, con su McDonals y su Starbucks en plena Plaza de Armas y todo. Pero desde los ojos de alguien que lleva un poco más de tiempo en Perú las cosas se ven distintas.
La zona turística satura al extremo, te sientes acosado y hasta estafado por los vendedores y sus precios, aquí también incluyo el abuso de lo que hay que pagar a la hora de llegar a Machupichu, por el hecho de no ser peruano. Una vez que sales un poco del centro de la ciudad te das cuenta de que todo es igual a lo que llevo visto hasta ahora: casas muy humildes, zonas de cerro más pobres aún, gente que lucha por sobrevivir y el ajetreo de los olorosos mercados, la basura en las calles y los perros por todas partes. Y la gente de la sierra (de provincia como les llaman en la capital), que parece que vive unas cuántas décadas atrás, con su indumentaria y sus actividades diarias con toque añejo del Perú más auténtico. Y su quechua.
Mi otra toma de contacto con la sierra fue de camino a la selva, una odisea de viaje en coche durante 24 horas casi sin parar, atravesando la cordillera Huayhuash, perteneciente a los Andes peruanos. Llegamos a alcanzar los 5.500 metros de altura, con pinchazo y cambio de rueda incluido, con un "pelotazo" en la cabeza que ni con 12 chelas y 10 pisco sour en una noche loca. Pero sí, vivimos la sierra de cerca y conocimos a su gente, la pena es que lo más bonito lo atravesamos de noche. Hasta recogimos en la carretera a dos mujeres y una bebita que iban al entierro de un paisano un par de pueblos más abajo -"aquisito no más papá". Y ¡qué pueblos! De los de documental, con sus casas de adobe y techo de paja. La pena es que tuviéramos el cuerpo del revés y la cabeza atorada del vaivén del viaje.
Y al fin la selva... un manto verde tropical salpicado de preciosos colores de flores que nunca había visto, de nubes que se agarran a las copas de los árboles que se elevan en los puntos más altos de sus montañas. De película vamos.
A pesar de que solo tuve un día para disfrutar de este paraje en la ciudad de Tingo María, llené la caja de recuerdos bonitos de mi memoria con los olores de plantas y flores siempre húmedas, el tacto del barro de la Laguna de los Milagros sobre mi piel, el sabor del cacao sin secar del jardín del tío Toto y del zapote recién caído del árbol y esas vistas increíbles, fotografías que no son posibles de captar ni con la mejor reflex del mercado, solo con la retina.
Costa, sierra y selva. Tres regiones geográficas tradicionales del Perú, tres escenarios maravillosos por seguir descubriendo, tres mundos en un mismo país, tres culturas que son una misma, todo tan distinto y tan igual a la vez.
Sin duda, Perú es un país que, desde los ojos del viajero, merece la pena recorrer y desde los ojos de la persona, merece la pena vivir. Y sentir.
PD: ¿Viajas conmigo a Perú? Yo pienso volver...
Ángela Cowar




Me ha encantado prima este cortisimo viaje, me ha sabido a poco.
ResponderEliminarA mi tb me sabe a poco aunque tengo ganas de verte o escuchar tu voz
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