Hace unos meses recibí la visita de una buena amiga. Es de esas personas a las que, aunque no vea mucho, cuando tengo la oportunidad de reencontrarme con ella parece como si no hubiese pasado tanto tiempo. Es lo que yo llamo “la magia de la amistad”.
Llegó casi a la llegada del otoño. Se puede decir que era el momento en el que más necesitaba esa energía positiva, la que ella desprende simplemente estando ahí, escuchando y colocando en ese contexto las palabras más sinceras, que no son (o no tienen por qué ser) las que uno necesita escuchar, sino las que salen del corazón y van directas al corazón.
Cuando se marchó de vuelta a su ciudad, dejó sobre la mesa de mi habitación una carta. De nuevo esa energía positiva, esas palabras sinceras, esa magia, en el momento en el que más las necesitaba, en la antesala de ese otoño que estaba a punto de comenzar.
Hoy necesito compartir esas palabras contigo, porque el otoño llega de mil maneras, aunque sea invierno, o verano, o primavera, y está bien que alguien nos ayude a entender lo que esto significa. Yo sigo leyendo esta carta a menudo, y en cada lectura encuentro algo nuevo, algo positivo, algo sincero… algo mágico:
“Las hojas de los árboles, en otoño, no se caen, se desprenden ellas, se lanzan hacia el suelo, hacia la tierra, para volver al origen. Se deshacen así, junto con otras hojas hermanas, mezclándose con otros elementos naturales. Enriqueciendo el suelo. Y, sobre todo, dejando espacio para las hojas que vendrán en primavera. Dejando espacio para lo nuevo.
Otoño es un momento único para experimentar el vacío y rellenarlo con nuevos nutrientes. Nuevas experiencias requieren su hueco, para que no se solapen con las viejas, desgastadas, que ya no sirven o que no nos permiten avanzar.
Las hojas, cuando se tiran de los árboles, no tienen ningún miedo. Al contrario, saltan alegres, mecidas por el viento, conscientes de su función, de su poder.
Saben que la vida es un fluir y que el suelo no es el fin, ni la meta. Porque al llegar allí se siguen transformando. Son generosas y conocen el desapego. No se aferran al árbol creyendo que es la única razón de su existir.
Las hojas se desprenden en un gesto de amor a la vida y la vida es cambio continuo, trascendente”.
Llegó casi a la llegada del otoño. Se puede decir que era el momento en el que más necesitaba esa energía positiva, la que ella desprende simplemente estando ahí, escuchando y colocando en ese contexto las palabras más sinceras, que no son (o no tienen por qué ser) las que uno necesita escuchar, sino las que salen del corazón y van directas al corazón.
Cuando se marchó de vuelta a su ciudad, dejó sobre la mesa de mi habitación una carta. De nuevo esa energía positiva, esas palabras sinceras, esa magia, en el momento en el que más las necesitaba, en la antesala de ese otoño que estaba a punto de comenzar.
Hoy necesito compartir esas palabras contigo, porque el otoño llega de mil maneras, aunque sea invierno, o verano, o primavera, y está bien que alguien nos ayude a entender lo que esto significa. Yo sigo leyendo esta carta a menudo, y en cada lectura encuentro algo nuevo, algo positivo, algo sincero… algo mágico:
“Las hojas de los árboles, en otoño, no se caen, se desprenden ellas, se lanzan hacia el suelo, hacia la tierra, para volver al origen. Se deshacen así, junto con otras hojas hermanas, mezclándose con otros elementos naturales. Enriqueciendo el suelo. Y, sobre todo, dejando espacio para las hojas que vendrán en primavera. Dejando espacio para lo nuevo.
Otoño es un momento único para experimentar el vacío y rellenarlo con nuevos nutrientes. Nuevas experiencias requieren su hueco, para que no se solapen con las viejas, desgastadas, que ya no sirven o que no nos permiten avanzar.
Las hojas, cuando se tiran de los árboles, no tienen ningún miedo. Al contrario, saltan alegres, mecidas por el viento, conscientes de su función, de su poder.
Saben que la vida es un fluir y que el suelo no es el fin, ni la meta. Porque al llegar allí se siguen transformando. Son generosas y conocen el desapego. No se aferran al árbol creyendo que es la única razón de su existir.
Las hojas se desprenden en un gesto de amor a la vida y la vida es cambio continuo, trascendente”.
Ángela Cowar

Muy cierto!! Así que a seguir el ejemplo de esas hojas...��
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